martes, 3 de junio de 2014

TORTURAS Y VEJACIONES PARA CURAR SUPUESTAMENTE LA HOMOSEXUALIDAD EN ECUADOR

Clínicas operan al margen de la Ley que prometen falsamente la cura de la homosexualidad sea en hombres o mujeres, pero las denuncias no llegan a instancias judiciales


A’Chiqui’ lo tenían encerrado en un cajón del patio lleno de maleza y mosquitos de un centro que dirigía un pastor evangélico de Durán, provincia del Guayas. Le habían rapado, golpeado y cortado las uñas de las manos.
La voz de Neptalí  se quiebra al relatar la historia de un peluquero de Guayaquil, al que ayudó a rescatar hace cuatro años con ayuda de la Policía. “Nos contó que su familia lo llevó allá con engaños, los celadores le aplicaban choques eléctricos en el ano para quitarle la homosexualidad. Imagínese, esa era la terapia”.
Neptalí  perdió de vista a “Chiqui” hace tiempo, pero dice que, tras el infierno vivido, quedó muy traumatizado y entró en tratamiento psicológico hasta que pudo volver a trabajar.
Desde hace más de una década, organizaciones sociales monitorean el funcionamiento de supuestas clínicas y centros que, sin fundamento científico ni legal, practican castigos físicos y psicológicos, para presuntamente cambiar de orientación sexual a las personas en el Ecuador.
En ese internamiento forzado el maltrato va desde la humillación verbal, insultos, encadenamiento y hambre, hasta palizas y violaciones, por un pago mensual que va de 100 a 500 dólares, según el estrato social.
Sucede a pesar de que la Organización Mundial de la Salud excluyó a la homosexualidad de la clasificación internacional de enfermedades en 1990.
“Algunos centros aupados en el tema de la desintoxicación de alcohol y drogas venden por debajo terapias de deshomosexualización”.
El año pasado, la estadística oficial requerida por el Taller de Comunicación Mujer sobre establecimientos de rehabilitación de adicciones, arrojó sorpresas. De 206 clínicas registradas en el país, 102 las reportaba únicamente el Consejo Nacional de Control de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas (Consep), 49 el Ministerio de Salud Pública (MSP) y 55 ambas instituciones.
Hacer un mapeo de las que operan ilegalmente en Guayas y concretamente en Guayaquil no es fácil, porque se movilizan y cambian de domicilio.
Existia un local que conoció en El Guasmo, “pequeñito, con literas, una cocina asquerosa y sin baños”, cuando acudió a rescatar a una compañera lesbiana encerrada, hace dos años. “La metodología era que dos hombres la violaban, pasaba una semana, se sentaba frente al director del centro que le preguntaba cómo se sentía y si le gustaban los hombres con todo lo que había tenido. Si decía que no, ocurría lo mismo otra vez”. El centro desapareció, indica.
En agosto de 2011, Nicolás Jara, entonces ministro encargado de Salud Pública, anunció que alrededor de 30 clínicas ilegales que alegaban curar la homosexualidad, habían sido clausuradas en el país.
El anuncio dio la vuelta al mundo y contribuyó a visibilizar el problema, lo que sucedía con las mujeres lesbianas, que han sido mayormente vulneradas como objetos fáciles de ser capturados e ingresados.
No hay forma de hacer seguimiento de los casos presentados en Guayaquil, porque se han quedado en el plano verbal, sin procesos judiciales iniciados por temor a la sociedad y a enfrentar a la familia.
Como prueba, la Defensoría del Pueblo atendió 3 casos en la Delegación de Guayas durante los años 2010 y 2011 y consiguió liberar a las chicas retenidas, recuerda Marco Pacheco, abogado de la institución.
En ninguno de ellos la denuncia avanzó a otra instancia.”.
Autora: María Elena Arellano – Guayaquil

LA DISCRIMINACIÓN EN CONTRA DE LOS GLBT EN ECUADOR EMPIEZA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.


                                       


La violencia y la discriminación a los GLBTI tienen como principal mecanismo de expresión y llegada a los diversos integrantes de la sociedad a los medios de comunicación masiva. Estos medios, permiten la reproducción inmediata y masiva de estereotipos negativos respecto de los sexualmente diversos. Lo cual crea en el imaginario social concepciones erradas de los GLBTI, que permiten que se implanten ideas intolerantes en el colectivo social que llevan a la discriminación;
además de dar fuerza y sustento a las creencias del imaginario social que conciben de forma negativa el no ajustarse a los rígidos estándares esperados para los géneros por el sistema heteronormativo.
Mucha de la información que se difunde en los medios de comunicación respecto a la diversidad sexual no tiene un adecuado sustento científico o legal. Por el contrario, se limita a una reproducción de las creencias hegemónicas de la sociedad, las cuales muchas veces tienen implícito el elemento homofóbico, mostrando posiciones sesgadas al no permitir la posibilidad de que se muestre la otra
realidad, permitir el derecho a la réplica de los GLBTI ante postulaciones de tinte homofóbico que buscan la vulneración de sus derechos humanos. 

Además, se genera una total descontextualización de los GLBTI, mostrándolos siempre como seres que viven los extremos. Estas imágenes que se muestran de los sexualmente diversos alimentando los estereotipos que en sociedad se tienen de aquellas personas que no “respetan” los esquemas sociales y que con su presencia atentan contra la libre convivencia social.

Los medios de comunicación, al estar bajo el control de elites poderosas, se han enfocado en informar a la sociedad de aquellos temas que a ellos les interesa que conozcan. No necesariamente se ofrece un gran abanico de alternativas de información veraz y oportuna sobre los diversos temas y realidades de la sociedad. 
Silenciando la reivindicación de los derechos de los sexualmente diversos se permite la continuación de la concentración del poder y el control de las personas. Control que busca la obtención de beneficios para unos a costa de otros que son obligados a asumir y acatar las ideas de los poderosos, bajo pena de sanción social por no acatar los rígidos parámetros impuestos. 
Por lo que los grupos de poder  han buscado impedir el acceso de los GLBTI a los medios de comunicación. “Una de las técnicas más eficaces  consiste en cerrarles todo espacio de
expresión pública, reducirlos por el silencio al anonimato absoluto”
(OEML, 2003, p. 51).

Para alimentar el heterosexismo en la sociedad se han generado programas “cómicos” cuyo “principal tema de risa (…) es el (…) tema gay (…) La feminización de los personajes es motivo de burla del programa, y pánico para el telespectador gay que no se siente referido y, por el contrario, resulta agredido” (Bracamonte, 2001, p. 304) 
Estos programas utilizan las erradas concepciones que existen en el imaginario social y para generar programas en los cuales se tengan personajes GLBTI completamente estereotípicos, rayando en lo no humano. Exagerados y femeninos en caso de ser hombres, o machonas en caso de ser mujeres lesbianas. Se busca que estos personajes encajen perfectamente en cada uno de los esquemas que se tienen de los GLBTI en sociedad y apelar a la aceptación social de las interacciones de estos personajes al evocar estos las ideas que se encuentran arraigadas en el imaginario social de la gente.

Esta forma de visibilización de lo GLBTI no es en lo absoluto positivo para los sexualmente diversos. Por el contrario, tiene un efecto tremendamente dañino para estas personas. Debido a que permitir que en la sociedad se asuma como “cómico” lo femenino, se le quita su credibilidad, se niega la posibilidad de generar empatía; no se comprende las necesidades del personaje como ser humano. 
El dolor, la tragedia, los sentimientos del personaje son motivo de burla para la gente, ya que al expresarse y comunicarse a través de un modo que se considera “femenino” en la sociedad automáticamente se disminuye la seriedad del asunto. 
Se reproduce el sentimiento machista del androcentrismo de que lo femenino no tiene validez, de que lo femenino no tiene lógica, solo sentimiento; se lo considera impulsivo y por no tener un fundamento lógico no se lo toma en cuenta. 
“Al traducir una dinámica social y trasladarla al plano mediático, que por fuerza, cobra una lógica alegórica, estamos frente a lo que Bourdieu llamó “violencia simbólica”, que entre otras cosas, describe la reproducción del dominio masculino sobre las mujeres”. (Carpio, 2013) 
Respecto a la identidad de género, las personas que trabajan en los medios de comunicación, en su mayoría, no tienen un conocimiento claro sobre las diferencias entre la diversa gama de identidades
sexo-genéricas. Lo cual ocasiona que se llegue incluso a confundir a estas identidades con las preferencias sexuales, llegando al extremo de la ignorancia de identificar como gay a la persona trans. Muchas veces, esta confusión tiene otro trasfondo, el buscar cuestionar la legitimidad de la identidad de género o sexo. Buscando negar su existencia o calificándola de anormal por no ajustarse a criterios de “normalidad” o a criterios biológicos.

“El esfuerzo que la prensa hace por negarlas y descalificarlas, través de su cosificación y descontextualización, termina provocando una mayor presencia de su realidad en el imaginario, aunque siemprecomo práctica marginal y proscrita, fuera de las fronteras de la
“normalidad””. (Cosme, 2007, p. 89)

Otro aspecto que genera la discriminación en los medios de comunicación de las personas GLBTI es la cobertura y los espacios que se han dado a autoridades religiosas para descalificar a las
diversidades sexuales. Los cuales escudándose en su libertad de expresión y libertad de credo han generado que en la sociedad se fortalezcan los conceptos del imaginario social que conciben al
homosexual como desviado, y a las identidades sexo - genéricas como anti naturales, por no estar ligadas a la biología y a conceptos caducos expresados en la Biblia.

A través de los “libros sagrados” como la Biblia, se ha condenado a los actos sexuales homosexuales como “grandes depravaciones e incluso presentadas como la (…) consecuencia de una repulsa de Dios” (Flores, 2002, p. 94)

Esta condenación y rechazo de la iglesia a las diversidades sexuales ha generado que a través de espacios de difusión masiva se expresen ideas muy perjudiciales para las personas GLBTI. 
Bajo el paraguas de la “libertad de expresión” se ha buscado que la sociedad crea que es correcto el limitar los derechos de los sexualmente diversos bajo el escudo de que estos tienen anormalidades que pueden perjudicar al resto de personas. Principalmente se busca
limitar el acceso al derecho al trabajo en determinadas áreas bajo el pretexto de que los GLBTI van a corromper a los menores, o van a acosar a los otros integrantes, recreando estereotipos negativos
existentes en el imaginario de la gente, que a través de medios de comunicación masiva penetran en la mente de las personas, quienes llegan a considerar como ciertas estas aseveraciones y proceden adiscriminar a los sexualmente diversos.

En una sociedad machista, se utiliza el discurso de odio hacia los homosexuales para atacar la falta de virilidad o masculinidad. Uno de los principales espacios en los que se utiliza la orientación sexual
para insultar al otro es en los eventos deportivos. Especialmente en los partidos de futbol.

En estos escenarios deportivos se utiliza un lenguaje de tinte homofóbico para cuestionar las aptitudes del equipo contrario, para ofender a los hinchas del otro equipo o para denigrar al árbitro al que se le considera inepto o corrupto en el cumplimiento de su rol en el evento deportivo.

Con la expansión de las tecnologías, en muchas redes sociales se puede ver como se crean grupos de personas que buscan descalificar a personas de un equipo que no son de su agrado. Y se utilizan para estos espacios terminología que se usa para descalificar a las personas sexualmente diversas, además de utilizar el término gay para referirse a esa falta de aptitudes masculinas que en una sociedad homofóbica, falocéntrica son concebidas como dignas de valor mientras
lo femenino es denigrado.
“El uso de ese lenguaje de odio en las barras de futbol está anclado a mantener esa masculinidad hegemónica. Es decir que el concepto permitido de varón en nuestro entorno siempre va a ser el de un hombre al que solo le gustan las mujeres. Entonces la marginación viene deuna expresión alusiva a un diferente género u orientación sexual.” (El Comercio, 2012)

El uso de lenguaje de contenido homofóbico en los eventos deportivos por parte de los hombres heterosexuales, principalmente aunque no exclusivamente, se da debido a que estos espacios son utilizados en sociedad para la construcción de las identidades masculinas, quienes denigran aquello a lo que tienen temor, aquello a lo que ellos no quieren ser, aquello a lo que no se quiere reivindicar, creyendo que se debe rechazar lo femenino porque se lo concibe como inferior, como débil.
Al no existir una adecuada educación en diversidad sexual, y una comprensión de lo que realmente implica tener una preferencia sexual distinta a la supuestamente hegemónica en la sociedad, se
procede a asociar a lo no heterosexual con lo gay. Y lo gay es por lo tanto femenino por no ajustarse a los rígidos parámetros de la masculinidad y del género hombre que se encuentran expresados en la sociedad. Se reproduce el estigma que integra el imaginario social y se lo ratifica naturalizando el hecho de que lo gay es inferior a lo heterosexual, a lo macho, a lo masculino.

A pesar de esta apertura que se ha dado al Colectivo GLBTI para exigir el reconocimiento de sus derechos y ejercer el derecho a la réplica respecto a las opiniones homofóbicas emitidas por parte de personas homofóbicas en los medios de comunicación, estos espacios aún son muy
reducidos y no llegan a la totalidad de la población. Ni siquiera llegan a la mayoría de las personas sexualmente diversas. Además, se debe luchar contra una realidad en la cual tenemos muchos más
programas en los que se discrimina y estigmatiza a las personas que conforman el Colectivo GLBTI que programas y noticias en los que se informe verazmente sobre la temática sexual desde una óptica laica y científica que informe de manera responsable y sustentada sobre la
realidad de la gran diversidad existente en la sexualidad humana.

--
César Pérez
caperez@udlanet.ec