jueves, 24 de abril de 2014

HUMOR TEATRAL BARATO Y NADA MÁS


Interesante esto que está pasando con la denuncia de Silueta X y otras tantas organizaciones e individuos LGBTI.


Hasta ahora las intervenciones de Davir Reinoso actor del programa VIVOS  no corroboran sino su ignorancia (¿ignora que es ignorante o lo hace a propósito?) en temas sociales. “(...) Que los negritos, que los indiecitos (...)" dice en sus declaraciones para El Universo. Insiste en la masculinización de Diane Rodriguez. Los diminutivos para hablar de los dos grupos étnicos históricamente más segregados del país y su insistencia en hablar de la activista guayaquileña utilizando desinencias masculinas revelan su escasa preocupación por el tema. Él hace lo que hace: humor teatral barato y nada más.

Por otro lado está la utilización irresponsable que estamos empezando a dar, como sociedad, a la Ley Orgánica de Comunicación. Tal como lo dijo Nelson Reascos hace unos días: "(...) Estamos viviendo, a mi modo de ver, una suerte de Estado policial, se reedita el Estado de vigilancia absoluta, el panóptico total y yo lo calificaría como algo más retrógrado aún: vivimos una sociedad en donde la inquisición ha sido reinaugurada (...)".

Ante el anuncio de Reinoso de que también iniciará una acción legal en contra de sus detractores, las redes sociales ya han empezado a llenarse de voces en apoyo a Rodríguez. Está claro que ambos bandos tendrán sus propios mártires. Todo esto parecería enmarcarse en un proceso de ensayo/error por el que necesariamente debíamos atravesar después de las truculentas invenciones que contiene la Ley Orgánica de Comunicación.

Reinoso, Palomeque y Villaroel son, ante todo, actores, esto es, artistas. Sin entrar en detalle acerca del tipo de 'arte' que hacen en sus programas de televisión, lo preocupante es que cuando el ojo censor, ya sea del aparato estatal o de la propia sociedad fisgonea el arte, en verdad debemos preocuparnos por una inminente reducción de nuestro derecho humano fundamental a la libertad de expresión.

Como fácil nos olvidamos de todo, parecería que gran parte de los LGBTI que firmaron la denuncia a los programas de humor no se acuerdan de 'Erick et moi dormant', la gigantografía que fue censurada por la autoridad municipal de Cuenca en el marco de la bienal de arte de esa ciudad en 2009.


¿Estamos dispuestos a utilizar los mismos mecanismos de censura que invisibilizaron nuestras realidades LGBTI a lo largo de los siglos so pretexto de la nueva moral que pretende instaurar la Revolución?

¿Queremos, como colectivos LGBTI, meternos en el juego (sumamente peligroso, dicho sea de paso) del ensayo y error de las nuevas leyes que ha impulsado la Revolución?

Creo que estamos midiendo mal los efectos que podría tener una sanción. Como sociedad estamos empezando un camino sinuoso e incierto de escarnio público, censura previa y autocensura. ¿Qué más nos dirá la SUPERCOM que es moralmente malo/bueno para el 'deber ser' de la Revolución?

Nicanor Benítez