jueves, 7 de abril de 2011

Dianne Rodríguez es activista y defensora de los derechos de las personas “trans” en Ecuador

Dianne Rodríguez es otra belleza “trans” que salió adelante pese a las críticas.
Germania Salazar, Guayaquil


Dianne Rodríguez Zambrano, de 27 años, se define como “trans femenina”. Es activista y presidenta de la fundación Silueta X, entidad que vela por los derechos y el bienestar de la comunidad.
Estudia el segundo año de Psicología en la Universidad Estatal de Guayaquil y en el 2000 fue reina “trans” de Guayaquil. Es temperamental, conservadora, trabajadora, feminista, disciplinada y estricta. Le gusta compartir los quehaceres domésticos con su pareja. “El hombre también debe de hacer las cosas, con esto no se le quitará nada”, mencionó.
“ En este momento amo mi biología, mi cuerpo, mi cara, todo lo que soy. Es más, si alguien me ofreciera nacer de nuevo, incluso no pediría ser transexual, sino intersexual (hermafrodita), una persona que pueda tener seis orgasmos a la vez. La mujer tiene cinco y el hombre uno”, afirmó.

Su vida
Dianne vivió su infancia en el sector de Sauces 3, donde le gustaba salir a la calle para jugar con niños y niñas. Su primer beso lo recibió a los seis años por parte de un compañerito de la escuela. 
“Fue espontáneo e inocente”, confiesa.

El ciclo básico lo estudió en el colegio Vicente Rocafuerte, pero luego pasó al  Clemente Yerovi, donde se especializaba en electrónica, carrera que no le gustaba por nada del mundo.

Desde los 15 años estuvo consciente de que no era un gay “de los que visten ropa masculina, sino una “trans femenina”.  A esa edad tuvo su primer  novio, un chico  de 18 años que estudiaba en el Aguirre Abad. El galán  iba a su plantel por unas compañeras, pero con el tiempo los dos terminaron “empatados”.
“Estábamos en el mismo grupo de amigos, pero él percibió feminidad en mí. Yo fui quien se declaró primero, lo tomé de la mano y le dije que me disculpara, pero que me atraía mucho. Él se rió y  luego de esta confesión la situación fue tensa”, explicó Dianne.

Al final se besaron y un año después entraron a un hotel vestidos con el uniforme y con varios libros bajo sus brazos. A la recepcionista le dijeron que iban a estudiar para un examen. “Esa fue mi primera relación, por la que tuve problemas en mi casa”, confesó.

“Por un lado me sentía feliz, pero por el otro no, porque no le conté toda la verdad a mi madre de mi realidad y que tenía un chico. Un día, mientras discutimos, le dije todo. El chico que me llama es mi novio. Mi madre se puso a llorar y mi padrastro la calmó. Aquel día me fui de la casa porque me dijeron que  hacía quedar mal a la familia. Un amigo gay me dio posada”, recuerda Dianne.

Con el tiempo la joven “trans” volvió  junto a su familia luego de que  la aceptaron como es. “En ese tiempo se  escuchaba sobre la ‘Primero de Mayo’ (zona de tolerancia en Guayaquil, donde se prostituyen algunos transexuales). Si mi madre no me buscaba, quizá me hubiera parado allí por necesidad”.
Insiste en la importancia que tiene el apoyo de la familia desde todo punto de vista para un joven que pasa por esta situación, “ya que lanzarlos a la calle es peligroso”.
Carácter de su madre
La representante de la comunidad “trans” cree que asimiló ciertas virtudes de su madre, a quien cataloga como una mujer de carácter.   Es hija única y sus padres se separaron en su adolescencia. “Cada quien se hizo de compromiso”, manifestó.

Cree que las tendencias son innatas en cada persona, “me di cuenta de las mías cuando las personas me decían que lo que hacía estaba mal. Me veía como niño, pero  me sentía niña. De adolescente no me gustaban mis genitales”, acotó la activista. Agregó que su madre  percibió en ella lo que le ocurría, pero se negaba a aceptarlo. “Me exigía que me portara como niño, pero eso era un error de su parte,  hasta me mandó a varias iglesias de diferentes denominaciones, pero nada me hizo cambiar. Ella siempre lo sospechó, pero yo se lo confirmé un día”, aseguró.
El amor llegó
Hace cuatro años Dianne encontró el amor de su vida, un hombre de 24 años. “No es acomplejado, me saca a pasear, me lleva al cine, a los centros comerciales, a la playa y a fiestas. Lo amo, le soy fiel y lo admiro mucho. Es un buen hombre, con quien pienso estar hasta el último día de mi vida”, señaló la exreina “trans” de la Fundación de Guayaquil. Ella no es de la idea de operarse, pero sí de adoptar algún día una hija.