viernes, 1 de abril de 2011

LA DISCRIMINACION ES INHUMANA Y PRIMITIVA

Germania Salazar, Guayaquil

Kelly Campos, de 29 años, se define como sensual, extrovertida, amable y sincera. La llaman la “Pamela Anderson ecuatoriana”, y es otra de las transexuales que han conquistado un espacio en la sociedad. Su mayor anhelo es llegar a ser una vedet internacional. Por el momento no tiene pareja porque está dedicada a conquistar sus metas. Le gustan los hombres de su misma edad, o cinco años menor a ella, pero que sean atentos y cariñosos. Sus tendencias femeninas las demostró desde cuando estaba en la escuela. Posteriormente reveló la verdad a sus familiares.
Cuando camina por las calles de Guayaquil recibe el saludo de las personas que la conocen o piropos de galanes que atraídos la miran. “Parezco alcaldesa hablando con más de una persona”, dijo.
“Me gusta tratar con gente sin prejuicios sociales, no estoy de acuerdo con ningún tipo de discriminación, porque considero que es algo inhumano y primitivo”, señaló.
Ella es cosmetóloga y graduada en Argentina. Su salón de belleza está ubicado en la calle principal de la ciudadela Valdivia, en el sur de la ciudad.
En el día prefiere usar ropa discreta, pero en la noche le gusta sentirse muy sexy.
Con frecuencia va a la playa, donde usa trajes de dos piezas. Ella tampoco quiere operarse sus genitales y no lo cree indispensable. “Me gusta ser una chica trans, nací así y así moriré”, manifestó Kelly, quien no solo logró que su cuerpo tenga una forma femenina, sino muy escultural.
Atribuye todo a las hormonas y al implante de prótesis que se puso, pero también a las dietas. Es vegetariana y sus medidas son 92-75-93. “Me operé en Francia y la cirugía me costó mil trescientos dólares”, confesó.
“Me dicen Pamela”
La llaman “Pamela Anderson ecuatoriana” por el parecido con la rubia actriz estadounidense. Otros la comparan con Laura León, pero se identifica más con la primera. Kelly en realidad anhela ser una diva.
“Quiero ser como Susana Giménez”, señala la inquieta cosmetóloga, quien en corto tiempo tiene la esperanza de lograr todos sus sueños.
Vive con un hermano y una amiga en un departamento alquilado. No le gusta mucho hacer los quehaceres domésticos, pero sí trabajar.
En la actualidad se lleva bien con su familia, pero más con sus hermanas, a quienes peina, arregla y ayuda económicamente.
Al igual que sus compañeras ha viajado a España, Italia y Francia, donde trabajó como estilista y realizando shows. Kelly forma parte del grupo de transexuales ecuatorianas que luchan por lograr un espacio en la sociedad a base de respeto, trabajo y fuerte personalidad.
Su vida
Por la discriminación que sufría en su colegio por su feminidad, Kelly decidió revelar a su madre que era una chica y no un chico. Sin embargo, ella se sintió incomprendida y se marchó a buscar otros rumbos para definir lo que quería ser, una trans femenina.
Se radicó en Quito, donde se dedicó a la peluquería, actividad que la ayudó a lograr su transformación física. “Mi mamá tenía el carácter fuerte”, señala.
Se confesó
Manifestó que ante la falta de aceptación en empresas o instituciones, en un principio tuvo que trabajar en otros oficios para poder subsistir. “Me hubiera gustado laborar en un banco como secretaria, recepcionista o cajera, pero aquí te cierran las puertas, no nos aceptan con nuestro aspecto femenino”, indicó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario